El té, García y Morales

Cuento borgesiano a manera de ensayo.

No busco el camino de los antiguos:
busco lo que ellos buscaron.
Basho Matsuo

Hace tiempo que consumo té verde (matcha). Hoy no sabría explicar los motivos; al menos no podría dar una razón consistente; y tal vez no sea necesaria. Recuerdo que comencé a tomarlo por aquello de los flavonoides[1].

Siempre he considerado seriamente la posibilidad de morir de cáncer de próstata. De repente siento ciertas punzadas allí, en la parte cercana al extremo terminal del colón descendente, que en buen español se suele llamar culo. Mi cierta propensión desde chiquito a ser hipocondríaco, tal vez producto o derivado de esa actitud infantil a manifestar enfermedades, o a provocármelas para seducir la atención de mi padre, me ha hecho pensar que el que no orine el contenido de la vejiga de un solo chorro sea indicio de un avance de hiperplasia prostática. Aunque tal vez sea maña. Ya saben cómo es el cuerpo.
 
Me parece que fue en la primavera de 1996, cuando llegó a vivir a la posada de estudiantes donde yo radicaba, un joven médico que me dijo que el cáncer de próstata se daba por tanto usarla. No le creí, porque tengo por vocación poner en duda todo lo que me dicen, y más si está relacionado con la salud. Aunque no debo negar que fue por cierto desprecio; los poblanos tienen fama de mojigatos, y él parecía un abstemio. Pero ese intercambio me llevó a la biblioteca; bueno, en realidad a la hemeroteca, pues era allí donde llegaban las revista científicas recién salidas de las editoriales, y por ello con la información más actualizada. Era 1996, ya había Internet en la Universidad, pero era rudimentaria, y yo no era muy experto en búsquedas con alta tecnología. Encontré algunos reportes, muy pocos para mi grado de preocupación juvenil. Hoy Internet es una maravilla, y tengo cientos de artículos reposando, para gozo de mi conciencia, sobre un conjunto de libreros que ocupan toda una habitación de mi pequeño departamento. Todos esos artículos hablan de “su majestad la próstata” y de el té verde.
 
Se sabe que hay una relación directa entre la baja incidencia de cáncer de próstata y el consumo de té verde (Camilla sinensis) entre los chinos y japoneses[2]. Todos son estudios retrospectivos. No hay estudios controlados, doble ciego y con uso de placebo. Cuando sabía poco de estadística, y mucho menos sobre investigación clínica, los puros estudios retrospectivos eran más que suficientes, y ya me parecía que iba por la vida con una lustrosa y saludable próstata, pues todas las mañanas, y de vez en cuando por las tardes, consumía una tacita caliente de té. Después vino la ciencia ciencia y perdía la quietud. Aunque tras la batalla perdida, me refugié en el dicho que acrecienta la esperanza de ganar la guerra. Todavía estaban los flavonoides, poderosos antioxidantes que podrían ser la clave de que las próstatas chinas y japonesas siguieran expulsando sus jugos con singular alegría[3].
 
Pero mientras eran peras o manzanas yo seguí consumiendo té. Me hice experto en el consumo de té. Cada vez que iba al súper o pasaba por una tienda naturista compraba cualquier nueva marca de té verde que no hubiese visto antes. He probado de muchos, pero fue sólo hasta una tarde, me parece que de Junio, del año antepasado, que pude entender, como en una especie de revelación paulina de camino a Damasco, aquella frase, que para mi era enigmática, del viejo Eguchi en la novela de La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata: “el té era bueno”. Era de una cajita comprada en el Costco, una de esas poderosas tiendas trasnacionales que te traen el mundo en su gran variedad literalmente a tus pies. Hoy en día he refinado aún más mi búsqueda de buen té; incluso llego a distinguir por número de lote, de las dos o tres marcas que más me han gustado, cuál es el mejor. Las hojas cosechadas entre 1997 y 2000 son excelentes; las de 2001 no son buenas, las de 2002 son aceptables[4]. Hasta hoy no he probado ningún lote de 2003. Y ya verán con esto que en algunos casos el dios mercado no es tan eficiente.
 
2002 fue el año que se entrecruzaron dos de mis aficiones, el consumo de té y la literatura oriental. He dicho consumo; pero la palabra tiene un aire mercantil. Tal vez deba decir el ritual o la ceremonia, porque hay prácticas de la vida ordinaria que investimos, aún sin querer, de significados, o erigimos como vehículos para la evocación o la conjura del deseo, del placer, del cansancio, de la solidaridad, de la comunión, o qué se yo. Por otro lado, debo precisar, siendo justo: las literaturas china y japonesa. A uno por descuido todos los chinos nos parecen igualitos; pero no, hay diferencias; y así en las literaturas orientales.
Llegué a la literatura japonesa por error. Error es un decir. Un decir impreciso. Llegué a la literatura japonesa guiado por la oscuridad del alma, de mi alma. Guiado por esa especie de fantasía que subyace a nuestra vida real; una fantasía real- por contradictorio que suene el término-, patente, e impertinente, en nuestra vida diurna, y aún en la nocturna; y que le da, sino sentido, al menos cause a eso, que se ve que no es tan libre, y que llamamos intencionalidad. Buscaba lecturas licenciosas [erotismo, trasgresión y poder; placer y refinamiento; lo sórdido y lo sublime; sensualidad; la corporalidad volcada hacia la vida; la vida abierta hacia la vida].
Dice el autorizado Pequeño Larousse Ilustrado que licencioso es aquel o aquello libre, disoluto, contrario a la decencia (buenas costumbres) o al pudor (recato, castidad). Lo licencioso parece estar siempre opuesto a una postura preponderante: es otra costumbre, otra manera de mirar los lazos del mundo, otro pudor.  El No de Sade, nos dice Octavio Paz, es tan grande como el Sí de San Agustín, “en uno y otro no hay lugar para el principio adverso”[5]. La disolución sadiana es universal, no hay lugar para el maniqueísmo. Y tiene razón, porque aunque ambos en su metafísica son dualistas, en ambos su moral es absoluta e intransigente: el disoluto, o el asceta, es un moralista, con una moral otra.
Y ahora lo sé, o enuncio aquello que tal vez siempre supe, lo que buscaba era otra moral, y otra estética, distintas a las más cercanas que he tenido por nacer al final del siglo XX: el sadismo primigenio asimilado, y refinado, y envilecido hasta lo sumo por la literatura light, el cine norteamericano y la pop culture de lo dirty[6].
 
Total que lo único que encontré fue una recopilación de varios libros de Saikaku Ihara (1641-1693), que denominaron en español Historias de Amor entre Samuráis, publicado por FONTAMARA, y cuyo título original era el mismo que uno de los libros fuente de la recopilación, y que hubiera sido más honesto respetar en la versión castellana: Danshoku Okagami (El gran espejo del amor viril). Por el prólogo, firmado por Maggie Childs, La herencia homosexual del Japón, se puede uno percatar que el libro fue publicado con intenciones proselitistas, por una causa occidental moderna pro gay, muy alejada del oriente clásico del periodo Edo (1600-1868). Pero el conjunto de historias, pese a ser de calidad irregular, vale por sí mismo. Sin tener que hacer el arduo esfuerzo de poner distancia y tiempo entre San Francisco (1960´s)  y el Edo (actual Tokio) del siglo XVII, se puede experimentar el desasosiego de enfrentarse no a una cultura extraña o hermética sino a una autosuficiente (Paz dixit), cerrada en sí misma, acogedora, sin duda, pero de un paisaje cuyo follaje estético luce perenne, muy enraizada en lo humano, pero que apunta hacia otro lado, que asimila el sol de otra manera.
 
Y en la sedienta oscuridad del alma, vendrían después los tragos con los nuevos amigos: Yukio Mishima, Yasunari Kawabata y Kenzaburó Oé. Quiero ahora hacer memoria sólo del segundo, de Kawabata, al que han estado ventilando desde hace unas semanas, como para no darle oportunidad al moho- aunque sea sólo por un epígrafe, en una edición de al menos150 mil ejemplares en pasta rústica, y 25 mil en una edición de colección (pasta dura, numerada, etc.)-, del otro también sediento de vida, y que en su ocaso se ha permitido la puntada de un título como el de Memoria de mis putas tristes[7].  El hoy epígrafe gracias a García Márquez es de las primeras líneas de la novela de Kawabata La casa de las bellas durmientes:
 
"No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la muchacha ni intentar nada parecido".
 
Sin duda, como decenas de escritores que suelen hacer literatura, Gabriel García es otro constructor de mundos autosuficientes. Cien años de soledad es la cima de esta posibilidad. Y como cima, hace difícil ver si Memoria es un mundo paralelo o independiente de Macondo, un mundo en sí mismo.
 
He visto  críticas diametralmente opuestas sobre la última novela de García; desde la exaltación festiva hasta el lamento lagrimero:
 
1.“Memoria de mis putas tristes no se aparta ni de los escenarios ni siquiera de la extensión equivalente  a El coronel no tiene quien le escriba, otra de sus obras maestras...¿Y qué decir de su estilo? Uno no puede sino admirar la precisión léxica, el tratamiento de orfebre de la expresión. García Márquez sigue siendo, a mi entender, el mejor escritor actual de la lengua española. Habrá quienes le superen en otras facetas del arte, pero no hay palabra que sobre. La precisión con que utiliza el léxico, la modulación de su prosa y sus rasgos chispeantes no tienen parangón. Su prosa sentenciosa y el adjetivo sorprendente son poéticos. No desdeña el barroco y se mece en él con las músicas más dispares, las que escucha, aprecia y aquí menciona...Por otro lado, el montaje del relato no presenta fisuras, los personajes están trazados con fina ironía.”[8]
 
 
2.”Ya se sabe que, con el tiempo, un porcentaje demasiado alto de artistas destacados se convierten en epígonos de sí mismos. Pero el caso de las putas tristes de GGM es más grave que eso. No es simplemente un libro menor o malo, sino el patético colofón de una trayectoria brillante y, al tiempo, una suerte de espejo retrovisor desde donde toda su obra se ve bajo la chabacana luz que emana de esta novela...Sólo con esto- una trama bochornosa- sería más que suficiente para desautorizar a su autor...Algún incondicional de García Márquez y/o del realismo mágico podría aleccionarme arguyendo que se trata de una fantasía y no de una narración realista. Por su puesto. Pero es una fantasía muy fea...El recurso de la desmesura y la exageración, que con tanta destreza había utilizado el autor, se ha tocado aquí en una chulería infantil y machista. Después de haber logrado la representación de la soledad más duradera, la lluvia más prolongada, el dictador más longevo, el amor más largamente reprimido, García Márquez ha decidido crear el nonagenario más cachondo de la historia universal de la literatura”[9].
 
Hace mucho tiempo que dejé de creer en la perfección. Ni el hecho artístico ni la crítica literaria son o han podido ser perfectos. Necesariamente toda obra humana es finita. ¿Qué es una obra maestra?, ¿una obra perfecta? Para mí una obra maestra es la que hace un maestro, al que se le reconoce maestría, y que se dice que la obra está a su altura. Nada más. El manejo del lenguaje, su uso o renovación, el delineamiento de personajes, la credibilidad de la trama, el manejo del tiempo, o la creación de tiempos narrativos, y todo eso, no son mas que elementos que se juzgan a la luz de un sentido que comparten escritor, lector y narración. A mi la obra de García, como la de Kawabata y mis otros amigos, como Morales o Parra, me gusta por motivos personales, por la oscuridad de mi alma, y nada más.
 
Y mi nada más es un nada menos. No es un finalizar el diálogo, es un iniciarlo. Nada menos; desde mi; que por esto, que por aquello. Y aquí voy, si a alguien le interesa. Porque yo, a diferencia de Borges, si me tomo la literatura muy en serio.
 
El anciano periodista de Memoria vive en un mundo cerrado en sí mismo, en un mundo creado por su memoria; pero no es la memoria de un soliloquio, es la memoria de un diálogo; por lo que su cerrado mundo es un mundo compartido con otros, es la autosuficiencia de los otros, es una memoria que se escribe para ser leída por alguien más,
 
"Escribo esta memoria en lo poco que queda de la biblioteca que fue de mis padres, y cuyos anaqueles están a punto de desplomarse por la paciencia de las polillas".
 
Una memoria centrada en lo que considera lo interesante de su vida, su vida privada, y que ahora da a conocer, porque lo público, eso sí, según el memorioso, era aburrida,
 
"Alguna vez pensé que aquellas cuentas de camas serían un buen sustento para una relación de las miserias de mi vida extraviada, y el título me cayó del cielo: Memoria de mis putas tristes. Mi vida pública, en cambio, carecía de interés..."
 
García no ha creado el nonagenario más cachondo de la literatura universal, ha creado el nonagenario lúcido de la miseria que le embarga, la miseria de su oscura alma. No puedo ver a Memoria como la autobiografía del agudamente apodado Mustio Collado, es antes que todo una interpretación de su vida
 
"El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen".
 
Mi querido Mihály Dés tiene razón cuando dice que es terrible que Memoria haya sido recibida por la crítica como “un magistral hallazgo, una obra sabia y vital, un proteico himno a la vida, y homenaje gozoso a Eros y a la tercera edad”, puesto que hablamos de un nonagenario que hace de la prostitución de una menor un Idilio.
¡Qué bonito, qué bonito!, repetía con complacencia Ciro Gómez después de haber leído al aire el primer párrafo de Memoria. Al siempre tan sensible y políticamente correcto periodista televisivo poca urticaria le causó que fuese una adolescente virgen, pobre, entrampada en una red de corrupción política y social, la Beatriz de esta linda historia.
Sí, es una fantasía muy fea si Memoria de mis putas tristes fuese la historia de amor entre una niña y un anciano de noventa años, consolidada por los oficios de una Celestina, que en el cine bien podría ser representada por Margarita Isabel.
El anciano nos hace ver hasta el cansancio que le arde el culo, y más en luna llena, que no hay región del cuerpo que no le duela, y que a pesar de la edad y los achaques mea fenomenalmente, que toda su vida ha pagado por sexo, que en las últimas décadas no coge, pero que tiene un pito grande y efectivo que muchas putas vivas aún recuerdan, que es un erudito literario y que tiene la virtud romántica de la timidez pública. Sí, como fantasía de amor es una fantasía muy fea. Y más si le añadimos el impúdico machismo, porque a la niña la prefiere dormida, sin nombre, mas que el que él le inventa; que prefiere no oír su voz, que la niña es una puta puta porque tal vez ya no es virgen, pero aún así la perdona porque muere de amor, y la compra en exclusividad, con una apuesta, pues la meretriz le asegura que “está lela de amor por ti”.
 
Una vez, guiado por el recuerdo de unos ojos turbios, me interné en una selva de polvo y papel mohoso en una de esas librerías de viejo de la calle de Donceles. No encontré el placer que buscaba; estuve apunto, pero por falta de arrojo, todo quedó en una simple taquicardia. Pero tuve la fortuna de encontrarme con un pequeño librito de Shunsuke Tsurumi, Ideología y literatura en el Japón moderno. En él, Tsurumi habla de un género literario que nació en Japón en los años 20 del siglo XX, como respuesta al excesivo control estatal y a las condiciones socioeconómicas impuestas por la modernización. A un Estado hegemónico, los artistas japoneses responden con la tradición, exaltando la individualidad, puesta ya de manifiesto en los diarios íntimos escritos en el siglo X, con la idea central de que el mundo puede ser mejor explicado en términos de experiencia personal. En la Novela personal el autor no pretende dar los hechos objetivos de una autobiografía, sino interpretar y contextualizar su propia vida, exponiendo sus sentimientos a la comunidad, y haciendo así partícipes a los otros de sí mismo. Un Estado totalitario controla los medios de producción al estandarizar las necesidades y la ideología de sus miembros. La individualidad estética del Japón tradicional es una resistencia efectiva contra el totalitarismo porque nunca es un individualismo que pulveriza y escinde al individuo.
Las temáticas de la Novela Personal exaltan la soltería, los sentimientos de la vida cotidiana y la identidad cultural. Esto se puede ver en Kawabata, pese a la occidentalización de su escritura. Me parece que así lo vio García, y le emocionó la idea de poder hacer en castellano no un refrito de La casa, sino la recreación de esta estética. Sé por mi amigo el nicaragüense Sergio García[10], que insistentemente habla del tema, que Gabo estaba muy interesado en el libro de Kawabata desde el 97. Que cuando se reunieron en Junio de ese año, en un Sanborn´s que está en Perisur, se la pasó casi todo el desayuno hablando del proyecto y las investigaciones que había hecho para “desentrañar la factura del libro y sus entretelones misteriosos”. Pero dejó de lado la idea para escribir su Vivir para contarla. Entre Memoria y La casa hay semejanzas y muchas diferencias, porque García no buscaba el camino de Kawabata; buscaba lo que este buscó. Y como el que busca encuentra, me parece que García lo encontró. Aquí están los motivos personales por los que me gusta Memoria de mis putas tristes. 
 
Hacer literatura es aludir a un sentido, al sentido que norma la vida. Ni simbolizar ni metaforizar, sino aludir. La iglesia, el mercado y el estado hacen símbolos y metáforas, pero no literatura. Sólo el arte puede aludir al sentido, y lo hace conjuntando, en un continuo fluido, individualidad y colectividad. Por fuerza de la repetición, es un gastado lugar común que se es universal siendo genuino, siendo genuinamente uno; pero es verdad. Kawabata, García y Morales lo son. Estoy convencido de que lo son. Morales, por ejemplo, en esa bella pieza denominada Memoria Rencorosa, arrastra la escritura hasta el fondo de sus recuerdos y la expulsa contaminada de sí, para situarse con la Palabra en una línea, en una trayectoria que es la suya, y la de otros. En su sitio convergen los muchos ecos, los reflejos de los múltiples espejos que configuran la real ilusión que se vive.
 
Para olvidar por un momento mi aburrida cotidianidad, dice Morales, se allega a una novela, cuyo título nunca menciona, pero que por su trama se reconoce. Los personajes y la trama de la novela se funden con el personaje y con la trama de la vida de Morales, haciendo de su memoria un presente, y de lo estético un saber vivido.
 
"Un boxeador convertido en bolero, una mujer hermosa y un mafioso malvado bastaron para envolverme en una realidad que al principio creí percibir como ajena, pero que con el paso de los minutos me hizo recuperar un viejo anhelo de revancha, una evocación de odio olvidada pero que esa noche regresó sin tregua[11]".
 
No se trata aquí de nalguear afectuosa y lascivamente a las comadres, a la usanza de las nenas del Crack. Destaco con sinceridad lo que considero como irrenunciable: abismarse en el veneno propio.
Yukio Mishima advertía a finales de los 60´s de los peligros de la literatura cínica y nihilista, que parecía realizada expresamente para acabar con la moral. Una literatura preñada de “esa extraña presunción, de tener derecho de burlarse del mundo entero”[12]. Mishima no pretendía que el arte fuera un ejercicio de aleccionamiento moral; no confundía Ética y Estética. Su idea era la de una estética literaria que empujase al hombre hasta el borde del abismo, dejándolo allí ante sí mismo, ante la real soledad de su ser y su elegir, ante la pobreza y la grandeza de su existencia. El camino a seguir, la decisión ha tomar, no pueden ser dados por la literatura. Había que curarse del morbo de la literatura, al escribirla o al leerla. Confío, decía, en que haya alguno capaz por lo menos de escribir una obra no contagiada por el veneno ajeno, sino empapada genuinamente  en el propio. Todavía hoy hay que curarse del morbo de la literatura. Cada quien, al escribir, que aluda a su sentido, el lector arribará, bien o mal, al espectáculo de sus resonancias.
 
No sé a dónde termine mi exploración de las literaturas japonesa y china; sé que seguiré leyendo a García, y a sus críticos; sé que seguiré bebiendo té verde, sentado en el sillón de tonalidades otoñales de mi estudio, frente a la amplia ventana que en estos días permite disolver la mirada en el horizonte que forjan los cerros que rodean al valle; y que pasaré la dulce Navidad con la La escuela del dolor humano de Sechuán, de Mario Bellatin, bajo el brazo.
 
 
"Esperemos al gran Avatar. Mientras llega gustemos una taza de té. La luz de la tarde dora las cañas, las fuentes gorjean deliciosamente y el suspiro de los pinos resuena bajo nuestra marmita. Soñemos con lo efímero y dejémonos arrastrar por la bella locura de las cosas".
Okakura Kazuko.
 


[1] Yang C.S. and Landau J.M. Effects of tea consumption on nutrition and Health. J. Nutr. 130:2409-2412, 2000.
Aherne S.A.  and O’Brien N.M. Dietary Flavonols: Chemestry, Food Content, and Metabolism. Nutrition 18:75-81, 2002.
[2] “Some epidemiological studies also support  a protective role of tea against development of cancer. Studies conducted in Asia, where green tea is consumed frequently and in large amounts, tend to show a benefical effect on a cancer prevention”. McKay D.L. and Blumberg J.B. J Am Colleg Nutr 21(1): 1-13, 2002.
[3] Cuando llegan a usarlas, porque ya saben lo que se dice, que en general los orientales, comparados con el resto del mundo, tienen el menor índice de prácticas sexuales al año.
[4] La calidad del té depende de la zona geográfica de cultivo, la edad de la planta, la ternura de las hojas cosechadas y de la técnica de secado a la que estas se someten.
En el Chanoyu o ceremonia del té de los japoneses se usan dos clases de matcha: hojas jóvenes de plantas de entre 20 y 70 años de edad, para la fase goza-iri de la ceremonia; y hojas jóvenes de plantas de entre 3 y 15 años, para la fase final, conocida como usucha. Una descripción útil para el neófito puede encontrarse en: www.redmarcial.com.ar/cjapon/chanoyu/chanoyu.htm
 
[5] Paz O. Un más allá erótico: Sade, (p.o. 1961). Obras Completas, Tomo 10, FCE (México), 1996
[6] El idioma de los términos no es fortuito, la lengua es una madre que nos da un mundo al darnos madre.
[Y la Trevi aquí siempre será una excepción, una licencia sobre la licencia, aunque haya dejado de ser sucia ]
[7] García, G. Memoria de mis putas tristes.RHM/Diana, 2004, 109 pp.
[8] Marco, J. Memoria de mis putas tristes. En: http://espanol.agonia.net/index.php/article/93642/
[9] Mihály Dés. Las tristes putas de GGM. En: www.lateral-ed.es/revista/articulos/120_mihaly.htm
 
[10] Ramírez, S. Muchachas Dormidas. En: www.analitica.com/vas/1999.10.2/internacional/08.htm y
   Fiel memoria de los cuates. En: http://old.clarin.com/suplementos/cultura/2002/10/19/u-00201.htm
 
[11] Morales, P. Memoria rencorosa. El Universal, 17 de Octubre de 2004.
[12] Mishima, Y. Lecciones espirituales para los jóvenes samurai.

 
Número 1
[4a época]

Presentación

Hace ya casi dos años del último número publicado de la anterior época.  Y hemos vuelto. Parece como si fuésemos "indestructibles" o quizá medio obsesivos, aunque con certeza puedo decir que Códigos Urbanos es parte de nuestra vida.
Aquí estamos con nuevas perspectivas y con nueva gente que poco a poco se irá integrando a esta etapa. Por lo pronto en esta primera entrega se muestran algunos trabajos pendientes que soportaron la larga espera.

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Diálogos entre autores

 

 

Galería
En este número...
Ludmer y las literaturas postautónomas

Ahora, ser idéntico a sí mismo ya no es deseable. Difícil llevar aquel sello que, en el ejercicio de la integridad antecedente, se ensalzaba como uno de nuestros derechos más meritorios. Todo ciudadano debía –debe, cierto, incluso ahora mucho más que antes, aunque no por las mismas razones– ser identificado e incluido en las proyecciones realizadas para lo que los esquemas de planificación estaban hechos: el control colectivo. Control de los afectos y de los efectos de ello. Control del cuerpo en la medida en la que era concebido todavía como producto de un sistema histórico organizado. El individuo daba la cara, se presentaba como una representación modal, como quien caracterizaba el ejemplo que una comunidad debía seguir. Los otros, los que no se adaptaban, los exiliados, eran algo definitivamente distinto; incomprendidos o no, se les usaba sólo como parte del ensalzamiento de las historias de marginación que las grandes urbes producían.

 

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La crítica literaria y la crítica cultural - Modelando la Teoría Estética


Para la configuración de una teoría estética que dé cuenta de la naturaleza del hecho artístico, su generación y acontecer, se requiere la delimitación de la crítica como evaluación teorética del fenómeno artístico (como hecho artístico y como recepción y vivencia del arte.)

La crítica literaria es, en un sentido específico, crítica de la literatura como arte. Dado que en la actualidad hay vertientes filosóficas que conciben a la literatura como todo aquello que se escribe sobre la cultura, se acepta sin conceder, o se concede sin aceptar, a modo de hipótesis, que en un sentido amplio la crítica literaria abarca el espectro del quehacer cultural, más allá de lo artístico.

El presente escrito pretende abonar sobre la problematización del quehacer crítico en el arte, teniendo como fondo la asunción a comprobar que la crítica es un costado de la vivencia estética, y un motor del dinamismo del acontecer del arte; un diálogo con las obras que las coloca, a estas, en medio del terreno de lo abierto e inacabado, sin posibilidad de clausura.

 

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Letras al vuelo

Poesía

Ave María

 

Abandonamos tu estruendo, María,
tierra desbordante de flores,
fuego hirmado en las montañas
y lluvia.

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Voces

(fragmentos, versión texto)

Ecos o murmullos
lejanos desdibujos
vástagos de sordas plastas heridas
arrójate improvisada naturaleza 

No debo levantar la mirada porque tus ojos son fatales
no buscar odios, muecas aguijadas y fermentos en pan ácido

 

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Literatura

Algo de cuento

Ser bello tampoco me da las satisfacciones que esperaba


Echarles la culpa de mi suerte a mis padres, a la sociedad, a la naturaleza, a Dios o al Diablo puede ser una explicación bastante razonable, hasta cierto punto. Sin embargo eximirme de la responsabilidad que implica cargar con un físico deprimente y desagradable para la gran mayoría de la gente, no significa librarme de la pena, el sufrimiento y en el mejor de los casos la indiferencia de los demás.
No me da vergüenza confesar los muchos desprecios que he recibido de parte de mujeres  cuando he tratado de ser amable y cariñoso. Su rechazo en tono despótico me ha causado un resentimiento contra su sexo, a tal grado que siendo sincero, he pensado que si tuviera el poder, lo desaparecería del planeta.

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Pod Poesía
Autor: Tonatihu Mercado

 

Persona[Videopoema]
Autor: César Cortés

 

H1N1 [Poema Digital]
Autor: Eliza Terroba

 

Transgresión [Videopoema]
Autor: Edgar Khonde